El coral de la vida

En la frase que abre el capítulo final de El Origen de las Especies, Darwin escribió que ”este libro es una larga y sola argumentación”. Stephen Jay Gould hizo lo mismo cuando escribió su obra La Estructura de la Teoría de la Evolución, aludiendo a la misma frase del Origen para abrir la que sería su última obra en vida. Este artículo no merece tal reputación aun cuando sea una sola apología sin consideraciones satélites para rellenar o complementar el argumento principal, más que nada por que es un pequeño breviario de las bases darwinianas tal y como las ratificaba el propio Darwin en el siglo XIX y cómo Gould las agrupó e interpretó más de un siglo después. ¿Cuál es la larga y sola argumentación de la que hablaba Darwin? La archiconocida selección natural y cómo ésta es la fuente principal de cambio de la que emana toda la diversidad biológica. Su visión de cambio fue radicalmente distinta a la que anteriormente estaba vigente: la direccionalidad del proceso era aparente y no auténtica, no nos podemos centrar en una línea evolutiva y tomarla como si tuviera un fin evolutivo (lo que se conoce como teleología, inexistente en la rama biológica de la ciencia). En efecto, la teoría más sólida anterior a la darwiniana fue la de Lamarck (cuyo nombre completo fue Jean-Baptiste Pierre Antoine de Monet Chevalier de Lamarck), en donde la fuerza primaria de progreso o cambio era esencialmente lineal y relegaba a un lado la verdadera fuerza secundaria (la llamada primaria sería una especulación de nuestra forma de ver el proceso), la cual desviaba los linajes organísmicos hacia estados particulares y especializados propios de cada clado. Darwin dio prioridad exclusiva a esta fuerza secundaria y negó la existencia de la primaria, y aquí es donde reside el apogeo de la revolución teórica darwiniana. El centro de esta fuerza, el frontón del Partenón de Atenas, tuvo nombre, selección natural, y estaba apoyado por varias columnas rígidas inamovibles (los pilares de los que habló Gould y que se expondrán posteriormente), algunas de las cuales tienen hermosos éntasis para aumentar el rigor del fundamento teórico. Esta argumentación darwiniana se dividió en dos polos: metodológico y teórico, es decir, uno para explicar cómo estudiar el proceso in situ en el tiempo presente (imposible en uno prolongado donde las evidencias causales serían la norma), y otro para explicar el cuerpo lógico de la propia argumentación darwiniana.

El polo metodológico tiene a su vez dos brazos, el derecho y el izquierdo. El izquierdo estima los procedimientos por los cuales se puede inferir la filogenia de la vida a partir de las causas del proceso selectivo que solo podemos observar en la escala temporal en la que nos movemos, es decir, el registro fósil y sus imperfecciones en la metodología darwiniana del Origen que nos impide ver los procesos directamente. ¿Qué solución propuso Darwin para salvaguardar la ausencia de evidencia cambiante a lo largo del tiempo geológico? Prescindió de la idea preestablecida que sostenía una relación lineal entre profundidad estratigráfica y antigüedad del registro fósil, asumiendo la deficiencia consustancial de la preservación biológica en estratos. El registro fósil es en efecto imperfecto, no preserva todo cuanto se le añade y Darwin era consciente de ello. Aún así, el registro fósil permite sacar conclusiones y datos a partir de los resultados causales observables en distintos estratos y, a su vez, la extrapolación a rangos temporales anchos está permitida (siendo la base metodológica fundamental para Darwin esta extrapolación microevolutiva a campos macroevolutivos, posible gracias a la acogida del gradualismo de su maestro intelectual Lyell).
El brazo derecho se apoya en la observación de la actuación de la selección artificial como la llamó Darwin, un tipo de selección natural abordado exclusivamente por el hombre, destinada a la supervivencia en un principio y a la mejora genética en nuestros tiempos. La domesticación y horticultura son una útil analogía para explicar la metodología darwiniana: absteniéndonos de direccionalidades evolutivas (aquí me permitiré afirmar linealidad consciente debido a la acción del ser humano), ambos son una evidencia clara de cambio continuo a escala histórica que en lapsos de tiempo prolongados son plausibles y detectables. La inferencia que se puede hacer explica las peculiaridades e imperfecciones de una trayectoria evolutiva dada.

Para explicar el polo teórico, o el alma de la argumentación darwiniana, parafrasearé a Gould afirmando que éste se compone de tres pilares inamovibles por su auxilio inherente y que están brillantemente representados en un grabado del siglo XVII (el cual fue encontrado casualmente, para su sorpresa, por el propio Gould cuando intentaba darle un sentido gráfico a su teoría tripartita darwiniana). Esta ilustración naturalista debe su autoría a Agostino Scilla, un pintor italiano amante del estudio de los fósiles y pionero en la fusión entre paleontología y arte, la cual llevó por título Coralium articulatum quod copiosissimum in rupibus et collibus Messanae reperitur (”Coral articulado presente en gran abundancia en los acantilados y colinas de Messina”). Este modelo organísmico ramificado representa la metáfora perfecta para los tres postulados a tratar: posee un pie o raíz estable imposible de seccionar, análogo al cuerpo sustancial de la teoría darwiniana donde reside la fuerza intelectual de la larga y sola argumentación, o selección natural, y un número limitado de ramas principales -las tres ramas esenciales de la lógica darwiniana como las llamó Gould- las cuales detentan el poder teórico apto para defender la argumentación y cuya sección (pongamos por ejemplo una posible antítesis que haga perder vigor a la teoría entera) la compromete tan seriamente que hace que se tambalee toda la estructura. Es por ello que el coral de Scilla representa la metáfora perfecta para el polo teórico de la teoría, y cuyas ramas se expondrán a continuación (para más detalles sobre la figura coralácea, véase el final del artículo). Aunque la línea temporal de inferencia de los pilares darwinianos no se corresponda con el orden de ramificación ascendente si miramos desde una perspectiva anclada al sustrato, esto es, conforme subimos en el coral no hay relación directa con el orden temporal en el que se dedujeron las inferencias, me es suficiente para exponerlos tal y como los dedujo Darwin en su obra del Origen (siendo la última inferencia teórica la propia selección natural, o el tronco de dicho coral, la cual surge como un sinergismo de las anteriores).
¿Cuáles son los tres pilares o columnas, las ramas del coral de Scilla, sobre los que sustenta el darwinismo? Aunque Darwin no los definiera como tal en su obra, Gould se encargó de darles nombre y congregarlos bajo una misma unidad común: agencia, eficacia y alcance. Estos tres hechos innegables forman el brillante esqueleto de la teoría, con alusiones sutiles a científicos anteriores a la publicación del Origen y cuyas conjeturas pueden ser deducidas del texto. Es por ello que considero a Darwin como un verdadero revolucionario teórico y uno de los mayores exponentes científicos de la historia pues supo amalgamar como nadie antes hizo campos total y aparentemente contrarios (funcionaban autosuficientemente en su círculo operacional prescindiendo unos de otros). El tronco del coral, el mecanismo operativo que siempre está presente cambiando el curso de las líneas biológicas, o selección natural, se deduce por la interacción hipotética de sus pilares y es el motor que hace funcionar toda la teoría evolucionista.

  1. AGENCIA, o la lucha de los organismos por la vida como el nivel básico darwiniano de actuación de la selección natural. Esta lucha inconsciente por parte de los organismos, y que pasa inadvertida ante nuestros ojos dadas las complejas redes que intervienen en el proceso, es la causa del noble entramado que se observa en la naturaleza. Esta lucha va acompañada de un proceso totalmente novedoso introducido por Darwin para entender su coherencia completa: la sobreproducción de descendientes (en la naturaleza no todo es condescendente y para una mayor supervivencia poblacional es necesario producir más de lo que se necesita para suplir posibles daños colaterales posteriores que afecten a las filas adaptativas presentes). Para Darwin el nivel de selección es única y exclusivamente el organismo, una reducción plausible si consideramos la ignorancia decimonónica del mecanismo hereditario y cómo éste actúa a niveles todavía inferiores también susceptibles de ser explotados por la selección. Esta visión de una lucha constante por la supervivencia individual, génica (como sostuvo Dawkins) o cladística (como sostuvo el propio Gould) si valoramos las perspectivas evolucionistas actuales multijerárquicas, tuvo un fuerte impacto en la consideración benevolente y perfecta de la naturaleza que se tenía antaño. Toda la armonía que regía la naturaleza no era una causa directa de intervención divina, o funciones palesianas previamente detectables por su teleología intrínseca, si no un mero producto colateral de esa lucha egoísta e inconsciente por los intereses propios de los organismos. La reducción de esa visión natural a órdenes antropocéntricos inferiores fue demoledora para muchos contemporáneos, pero su base teórica ya se formuló un siglo antes sin consecuencias intelectuales tan trascendentales como las que Darwin causó al incluirla sutilmente en el Origen. La coherencia y radicalidad de esta idea de una lucha, sin cuartel y siempre inconsciente, por la supervivencia de los intereses individuales propios fue transferida a la biología por Darwin del argumento económico de Adam Smith: ”La mejor organización de la política general surge por sí sola cuando se permite que los individuos luchen por sus propios intereses”. Este traslado interdisciplinario ayudó a idear el tronco teórico del darwinismo, dándole un apoyo trascendental y echando por tierra la concepción palesiana previa que tenía por armonioso todo cuanto se observaba en la naturaleza. El egoísmo maquinal gobernaba ahora el intelecto (fuente de inspiración para El Gen Egoísta de Dawkins aunque situando la base operacional unos niveles más abajo del organísmico) y había que ver el mundo desde una perspectiva continua e inconsciente por la supervivencia de los de tu especie. La lógica darwiniana, con sutiles reminiscencias a Adam Smith, se impuso a la palesiana.
  2. EFICACIA, o identificación de la fuente de novedades evolutivas. El foco operacional del que emanan todos los caminos posibles es la selección natural y tiene su cimiento en varias materias primas. Darwin reconoció que esta fuerza evolutiva selectiva no era ni la principal ni la más fuerte si actuaba por sí sola (hoy día se contemplan la deriva genética, el flujo génico o la mutación como otras fuerzas evolutivas), pero con el apoyo de varios requisitos puede ser la raíz creativa por excelencia. ¿Cuáles son estos requisitos indispensables para que actúe la selección? El primer prerrequisito es la variación. Una fuerza evolutiva como la selección natural no puede actuar si todas sus filas son exactamente iguales, necesita que haya innovaciones o modificaciones, es decir, variantes entre todas aquellas opciones sobre las que puede proceder. Aunque Darwin desconocía el mecanismo por el que se produce la variación (hoy sabemos que es la mutación genética o fenómenos puntuales como los cuellos de botella o migraciones), sabía perfectamente que esta condición debía existir per se y que era la materia prima sobre la que posteriormente actuaría la selección. La variación no imparte direccionalidad evolutiva (aseverando la infinidad de caminos posibles a tomar y sin detenerse en alguno) ni genera cambios por sí sola, necesita de una fuerza evolutiva que la auxilie. Una vez tenemos variación entre todos los integrantes de nuestras hipotéticas filas, el siguiente requisito esencial para el correcto funcionamiento del argumento es la heredabilidad: de nada nos sirve tener distintas filas si su distinción no es trasladada a la siguiente generación. Darwin también desconocía cómo se heredaban los caracteres pero, al igual que dedujo la existencia de la variación, dedujo la heredabilidad. Tuvieron que pasar menos de cincuenta años desde la publicación del Origen para conocer el mecanismo básico de transmisión de caracteres entre generaciones, rechazado inicialmente y redescubierto en 1900: Gregor Johann Mendel sentó las bases de lo que hoy se conoce como leyes de la herencia genética gracias a sus observaciones de Pisum sativum (guisante). Quién sabe qué pudo ocurrir en el trascurso de su teoría si Darwin llegara a comprender aquella carta enviada por Mendel a Down House haciendo mérito de sus descubrimientos hereditarios.
  3. ALCANCE, o extrapolacionismo del mecanismo de acción selectivo a todo el tiempo geológico a partir de los datos microevolutivos observables a nuestra escala. Aquí entra en juego la enorme influencia del gradualismo, o sucesión de cambios continuos y profundos consecuencia de la acumulación de procesos lentos pero uniformes a escala temporal menor, formulado por Charles Lyell veinte años antes del Origen en su obra Principios de Geología (a su vez, Lyell tomó prestada la idea gradualista de James Hutton, fundador de la geología como ciencia). Con el gradualismo en la retaguardia, Darwin explicó cómo desde cambios microevolutivos se puede comprender toda la parafernalia de la vida a escala geológica. El gradualismo especifica el mecanismo operacional selectivo refutando la idea de variación saltacionista productora de cambio instantáneo (exceptuando la teoría del equilibrio puntuado del propio Gould). El alcance afirma que el campo gradualista permite extrapolar las causas microevolutivas al tiempo geológico engendrando toda la diversidad taxonómica de la vida por la llana acumulación progresiva y continua simple de caracteres a nivel de organismo. Esto es observable en el registro fósil, donde la discontinuidad de los estratos muestra épocas de divergencia reales, aún cuando la imperfección del mismo sea inevitable. El registro fósil es incompleto, pero es mejor que nada. Nos muestra la evidencia de cambio taxonómico a escala geológica y, en raras ocasiones, a una escala menor levemente apreciable. Se sustenta en el gradualismo imperceptible: es el campo de juego donde procede a actuar la selección. Una fuerza creativa no es nada sin la prolongación de sus actos en el inmenso tiempo geológico.

Darwin volcó por completo la idea preestablecida de cambio biológico gracias a su enorme ingenio intelectual, el cual le llevó a convertirse en uno de los mayores revolucionarios teóricos de la historia. Bajo la mirada de su inherente maestro Lyell, y la ayuda de algunos eruditos sustanciales para su idea evolucionista, Darwin lanzó al mundo en 1859 su visión cambiante y continua de la historia de toda la vida: cómo desde un ancestro primordial se produjo toda la diversidad observable sin necesidad de acudir a hechos divinos o paleyanos. Para terminar esta argumentación me gustaría acabar definiendo bajo mi punto de vista lo que se entiende actualmente, con todas las controversias latentes y multiteóricas que existen, por evolución darwiniana.

”La evolución es el cambio gradual-continuo, observable a escala ecológica donde interacciones bióticas y abióticas se suceden continuamente, o gradual-(dis)continuo a escala geológica, de entidades darwinianas organizadas jerárquicamente en niveles que presentan como base para las fuerzas operacionales evolutivas variabilidad intrínseca, o genotipo intervariable, y variabilidad extrínseca, o fenotipo (incluyendo las formas de fenotipo extendido), las cuales son heredables generación tras generación”.

Bibliografía:

  1. Darwin, Charles. El origen de las especies. Barcelona: Espasa Libros, 1859.
  2. Jay Gould, Stephen. La estructura de la teoría de la evolución: el gran debate de las ciencias de la vida, la obra definitiva de un pensador crucial. Barcelona: Tusquets Editores, 2004.
  3. Dawkins, Richard. El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta. 3ª ed. España: Salvat Editores S.A., 2014.
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